La Peregrina

Así se denomina a la tradición, irrenunciable para cualquier alicantino, de acudir a pie al Monasterio el día de la festividad de la Santa Faz. Independientemente de los miles de ellos que en las semanas precedente y siguiente al segundo jueves de Pascua realizan la Romería, para evitar el agobio de la multitud o porque no se sienten con fuerzas de caminar esa distancia, se calcula en más de 150.000 las personas que se dan cita en el Caserío el día de la Fiesta.

La Peregrina es organizada con mucha antelación por el Ayuntamiento y el Cabildo de la Santa Faz. Con el auxilio de Policía, Cruz Roja, Protección Civil y voluntarios, el itinerario, corresponde a la carretera Nacional 332-340 que se cierra a la circulación rodada en dos de sus carriles -el de ida desde la ciudad-, reservándose los otros dos para el tráfico restringido de autobuses, taxis, y vehículos autorizados.

A las ocho en punto parte la Romería desde la Concatedral de San Nicolás: allí se habrán repartido miles de cañas con un ramo de romero en uno de sus extremos entre los peregrinos que, con ropa deportiva, se disponen a acompañar a las autoridades religiosas y a la Corporación Municipal hasta el Monasterio. Es tanta la popularidad de la Peregrina, que son numerosas las personalidades que participan en ella, desde miembros del gobierno valenciano, representantes sindicales y políticos de todo signo, hasta organizaciones festeras, deportivas, artísticas y vecinales. La mayoría hace el camino portando cestas con la comida que consumirán en el campo circundante del Monasterio: en ellas no faltan los alimentos típicos de la Pascua alicantina: habas crudas o en tortilla, conejo con tomate y vino de la Huerta.

A mitad del recorrido, el Ayuntamiento ha instalado una "paraeta" donde los romeros recuperan fuerzas tomando rollitos de anís y un vaso de vino de Fondillón, el conocido caldo que desde el siglo XVI se cultivaba en la Huerta de Alicante y que resulta un vino dulce de especial finura cuya producción originó la riqueza agrícola de esa Huerta.

Esta "paraeta" recupera una vieja tradición. En la Finca "lo de Díe" se tenía por costumbre descansar, camino del Caserío, porque sus propietarios invitaban a autoridades religiosas y civiles a hacer un alto en el camino, recordando cierto año en que un chubasco primaveral sorprendió a los romeros que encontraron refugio en la Finca, en la que fueron invitados a rollitos de anís y vino de Fondillón.

La Peregrina alcanza el Monasterio a las dos horas de su inicio, accediendo en primer lugar el Cabildo eclesiástico y la Corporación Municipal. Y es que el rito de sacar la Reliquia de su Camarín para llevarla a la Plaza del Caserío en donde presidirá el altar de la Misa, es todo un compendio de historia:

Para preservar la integridad de la Reliquia, se redactaron en 1636 unos estatutos que en 1669 contaron con una cláusula más, la XII, expedida por el Rey Carlos II, en la que se limitan los casos en que debe abrirse el Relicario y se establecen las formalidades para ello. Dos llaves, en poder del Ayuntamiento, y otras dos, en el del Cabildo, son necesarias para abrir la reja que impide alcanzar la Reliquia. Dado que los Estatutos recogen que las llaves de la Ciudad, guardadas en el Archivo Municipal, deben ser utilizadas por dos Caballeros Jurados, un Pleno de la Corporación, designa, en los días precedentes, a los dos concejales que abrirán el Camarín; la Abadesa del Monasterio aporta las del Cabildo eclesiástico.

A la llegada al Monasterio, el Cabildo hace su entrada en el recinto junto con el Alcalde, a quien acompañan el Síndico Municipal y el Secretario General, que lee el Acta del Pleno autorizando la apertura del Camarín, realizada por los dos Caballeros Custodios cuya misión es la de no separarse de la Reliquia ni un momento y responder que se encuentra en idéntico estado cuando es devuelta a su lugar.

La Misa, que concelebran numerosos sacerdotes junto al Obispo de la Diócesis, inicia la Jornada de la Peregrina en las calles del caserío, donde cientos de puestos de Feria se han abierto para ofrecer los productos tradicionales de la huerta y otros objetos. Transcurrido el día, en el que no ha faltado la obligada visita al templo donde orar a los pies de la Santa Faz, devuelta a su camarín tras la Eucaristía, el regreso se efectúa a pié, aunque se dispone de autobuses con salidas sucesivas para el regreso.



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